Ya no sos igual
O tal vez si
Hace unos meses que estoy escribiendo y dibujando una nueva historieta. Después de años de dibujar por trabajo, sentí la necesidad de crear algo para mí. Nunca dejé de escribir, pero no encontraba nada que fuera suficiente para sumergirme en un mundo propio y narrar desde ahí.
Disfruto mucho el proceso de crear y pensar los personajes, el universo, los símbolos que van a aparecer. Pero sufro mucho al momento de dibujarlas. Enseguida me aparecen unos fantasmas viejos y rancios que me susurran que debería estar haciendo algo más útil, algo que me haga ganar dinero. Y la pregunta que me surge a continuación es: ¿hay alguien leyendo o es solo una historieta/dibujo más que nos empuja a escrollear sin fin en un montón de contenido inútil? Ahí es cuando me frustro.
Hoy, después de esos pensamientos, volví a mirar mis cuadernos y empecé a escribir esto.
Sentarme a dibujar es una lucha que siempre estuvo ahí. El ojo ajeno en mi vida cotidiana no me afecta, pero al dibujar ese ojo se magnifica, se vuelve un juez severo y me inhibe. Nunca creo estar haciendo algo bueno o interesante. Por suerte, la mirada hacia atrás siempre es más compasiva conmigo que la del presente.
Este ejercicio de volver a los cuadernos, y empezar a mostrar dibujos o frases que nunca tuvieron la intención de ser vistos por otro que no sea yo, me ayuda a encontrar algunos patrones que sigo repitiendo y a tratar de cambiarlos. También es una forma de insensibilizar esa parte cubierta para hackear la inhibición y encontrarle un sentido a dibujar sin que resulte un calvario de vergüenzas y síndromes del impostor.



En estas tres paginas, de dos cuadernos distintos, noto sentimientos parecidos de frustración y cansancio, que si bien en un momento disminuyeron, ahora vuelven exactamente como los dejé. Era plena pandemia y todo era incertidumbre. Como ahora.
La situación para los que nos dedicamos al arte, en general, está difícil. La búsqueda estética ya no importa, no hay lugar para el error. El mercado exige que encajes al estilo que se consume. No hay tiempo para la prueba ni para el despliegue y recorrido que la obra necesita para encontrar su forma final. El riesgo de equivocarse es el camino para encontrar la voz propia, pero ya no hay tiempo.
No soy el primero ni voy a ser el último que escribe sobre esta época de adicción mercantil de producir y consumir sin parar. Todo debe aparecer en un reel para generar engagement, para encontrar tu público, para vender más, producir más sin importar tanto el contenido, lo importante es mostrarte, venderte, lucir exitoso. Si no estás en redes, no estás de moda. No existís.
Como lector, también siento un agotamiento respecto a las formas de contar. Me pasa seguido con la historieta y el cine y las series yankees (ni hablar de los cómics de superhéroes, que ya son una forma de “McDonald’s del arte”) se aplican métodos hiper probados, sin riesgos, sin salirse de la estructura. Las historias se repiten. No hay sobresaltos.
Si lo pienso un momento tiene sentido: llevamos décadas consumiendo contenido del mismo lugar. Ese contenido nos educó y formó. En mi caso, me produce un rechazo.
El manga japonés o las películas coreanas explotaron a nivel mundial por una razón bastante clara. Ellos se animan al riesgo, no tienen miedo de generar sentimientos de asco o incomodidad cuando cuentan una historia. No les importa si el protagonista sufre o si los malos ganan. Lo importante contar una historia, y generar algo en el lector/espectador. Y el arte es exactamente eso: producir un sentimiento en el que mira.
Quizás me fui un poco por las ramas, pero todo esto era para contar que poco a poco vuelvo a escribir y dibujar. Espero poder mostrarles algo pronto.
Gracias por leer.


